100 años de una revolución llamada Leica

Hace 100 años Leica revolucionó la fotografía
Hace un siglo nació la Leica de 35mm. La primera cámara ligera y manejable del mundo apareció en 1914 y revolucionó para siempre el arte de la fotografía.

Este año se cumple un siglo del nacimiento de la primera cámara Leica que llegó de la mano del ingeniero Oskar Barmack y la compañía alemana Leitz. Vino al mundo en 1914, dos meses antes de la Primera Guerra Mundial y se convirtió en la primera cámara ligera y manejable del mundo.


Con la aparición de la Ur-Leica – que así se llamaba la primera de la saga– se había acabado la era de las aparatosas cámaras con trípodes y pesadas placas. Había nacido un nuevo concepto de máquina fotográfica: cámaras ligeras y manejables con negativos de 35mm que permitían retratar un mundo que pronto se ensombrecería al entrar en la larga noche de la Primera Guerra Mundial.

Todo gracias a la pericia de un asmático ingeniero alemán de la compañía Leitz, Oskar Barmack, que se ahogaba cada vez que tenía que subir una cuesta con la pesada cámara convencional de la época. Barmack ideó una manera de reducir el peso y el tamaño de las máquinas fotográficas. ¿Cómo? Sustituyó las pesadas placas fotosensibles que utilizaban las cámaras del momento momento por carretes de 35 mm – como los que se utilizaban en el cine –, cuyos negativos eran después ampliados.

[su_quote cite=”Henri Cartier-Bresson”]Leica podría ser como un gran beso apasionado, o como un disparo de una pistola, o el sofá de un psicoanalista. Usted puede hacer cualquier cosa con una Leica[/su_quote]

La revolución estaba servida: cámaras compactas y ligeras en las manos de una generación deseosa de captar instantáneas de un mundo que cambiaba febrilmente bajo el influjo de las guerras y rupturas de los antiguos regímenes. La vieja Europa se transformaba rápidamente: Lenin subía al poder en Rusia (1917) y de las cenizas de la Primera Guerra Mundial empezaban a germinar las semillas que llevarían al auge de los fascismos y a la posterior disolución de los imperios coloniales.

Gracias a la circulación de estas nuevas cámaras ligeras y compactas, el fotógrafo se pudo convertir en un testigo permanente -y discreto- de estos tiempos convulsos. Cualquier momento, era ahora, susceptible de ser captado, sin planificación o pesadas cargas. La posibilidad de hacer fotos se había convertido en algo espontáneo y sencillo, espoleando a cientos de fotógrafos a las calles y los campos de batalla. Capa, por ejemplo, hizo su icónica foto del miliciano muerto con una de estas Leicas. Igual que Eisenstaedt, quién utilizó otro modelo de la marca para inmortalizar las celebraciones del fin de Segunda Guerra Mundial en Nueva York o Alberto Korda, que años más tarde inmortalizaría al famoso Che Guevara, también con otra Leica.

La empresa alemana que las fabrica organiza, durante este año, un conjunto de exposiciones en ciudades destacadas de todo el mundo, con la obra de estos fotógrafos y la de otros virtuosos de la cámara que hayan empuñado una Leica. En un acto que servirá de celebración del centenario y de lanzadera para presentar los nuevos modelos de la colección.

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